ChemoBrain: el cerebro tras la quimioterapia
«He superado el cáncer, las pruebas de revisión están limpias, pero siento que mi cabeza no funciona igual. Me cuesta concentrarme, olvido palabras comunes y me saturo si intento hacer dos cosas a la vez». Este fenómenos conocido como chemo brain es muy común que afecte al cerebro tras la quimioterapia.Esta queja es muy habitual en la consulta de neuropsicología. Muchos pacientes oncológicos descubren que, tras finalizar los tratamientos médicos, se enfrentan a un peaje inesperado: una lentitud y una falta de agilidad mental que dificulta su vuelta a la rutina, al trabajo o a la vida social.Durante años, estas quejas se interpretaron con frecuencia como una consecuencia indirecta del impacto emocional de la enfermedad. Hoy sabemos que los cambios cognitivos relacionados con el cáncer y sus tratamientos son reales y pueden afectar a distintos procesos cognitivos, aunque sus causas sean probablemente multifactoriales. A este fenómeno se le conoce clínicamente como deterioro cognitivo asociado al cáncer y sus tratamientos (CRCI), aunque los pacientes lo suelen llamar coloquialmente chemobrain o quimio-cerebro.
¿Qué le ocurre al cerebro durante y después del tratamiento?
Cuando intentamos buscar la causa de esta alteración cognitiva en el cerebro tras la quimioterapia, la investigación científica nos muestra que no podemos culpar a un único factor. Los mecanismos todavía no están completamente aclarados. Se han propuesto diferentes procesos, entre ellos la inflamación sistémica, el estrés oxidativo, alteraciones vasculares, cambios hormonales y modificaciones en la conectividad y funcionamiento de determinadas redes cerebrales.Además de los posibles efectos de determinados tratamientos, hay que considerar el impacto de la propia enfermedad, otras terapias oncológicas y una serie de variables clínicas que acompañan al proceso, como la fatiga, el dolor, las alteraciones del sueño o los cambios hormonales.Los estudios de neuroimagen han encontrado modificaciones en algunas medidas de conectividad y estructura cerebral, aunque estos hallazgos no permiten utilizar una resonancia magnética tradicional para diagnosticar el problema en consulta. El resultado clínico no suele corresponderse con una lesión localizada identificable en una imagen convencional, sino con cambios más sutiles en el funcionamiento y la conectividad de determinadas redes cerebrales que impactan en la eficiencia con la que procesamos la información.Los síntomas cognitivos en el día a día
En un cerebro tras la quimioterapia las dificultades suelen afectar especialmente a la atención, la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo y determinadas funciones ejecutivas, aunque el perfil varía considerablemente entre personas. Las dificultades no suelen consistir en perder conocimientos profesionales o información autobiográfica, pero el paciente nota que el acceso a esa información es más costoso.En la práctica diaria, esto se traduce en quejas muy específicas:- Alteraciones en la memoria de trabajo: Dificultad para mantener y manipular información durante un breve periodo de tiempo, como ir a una habitación y olvidar a qué se iba, o perder el hilo de una conversación tras una breve interrupción.
- Reducción de la velocidad de procesamiento: La sensación de que el pensamiento va más lento. Tareas que antes eran automáticas, como revisar un documento complejo o seguir una reunión con varias personas hablando, requieren ahora un esfuerzo consciente y agotador.
- Problemas de acceso al léxico (anomia): Tener la palabra en la punta de la lengua. Saben perfectamente qué quieren decir, pero el término exacto no aparece durante la conversación.
- Dificultades en la atención dividida: Hacer dos cosas a la vez, como cocinar mientras se mantiene una conversación telefónica, resulta abrumador y aumenta la probabilidad de cometer errores.

